“Lo que no se nombra no existe”. Lo escuché por primera vez hace más de 10 años en el primer seminario sobre género al que existí. Me ayudó a saber que no era un bicho raro por el hecho de pensar las tareas de hombres y mujeres no son herencia genética sino social o que en la enseñanza solo estudiábamos aquellas cosas importantes que hicieron los hombres para el “hombre” (aunque, al profesorado se le olvidaba añadir para el “ser humano”).

El caso es que, las actividades de mujeres siempre parecían ser las menos importantes (bah! Pero si solo tiene que hacer la comida en todo el día), trabajaban en el campo o fábrica y no eran tenidas en cuenta (jornadas de trabajo acompañadas por tareas en la casa mientras el hombre se sentaba en la lumbre), las señoras eran “señoras de”…..   y la mujer adúltera era encarcelada mientras que el hombre adúltero era agasajado.

Son cuatro sencillos ejemplos, pero esto ocurrió hasta hace menos de 25 años. En plena lucha de géneros, las mujeres de la época lograron demostrar que podían llevar pantalones, ser esposas, madres, estar solteras o casadas, sin dejar de ser femeninas y que le hecho de trabajar no era solo de hombres.

Algunas de esas mujeres, compañeras de trabajo en algún momento de mi corta carrera profesional me han dicho… “nos engañaron: quisimos demostrar que podíamos pero ellos nos dejaron asumir sin que delegáramos o repartiéramos nada”. Y aquí llegamos a la generación de superwoman en la que además de ser una mujer de anuncio (con tiempo para el gimnasio, cremas, armario impecable, vida social, etc.), es esposa (con tiempo de escuchar, compartir, de estar sexy, etc.), madre (con tiempo de organizar fiestas, de jugar, de enseñar…), profesional (con responsabilidad, capacidad de trabajo, escucha, liderazgo…) y ama de casa (de hacer compras, planchar, limpiar…).

No sé vosotros/as… yo acabo de estresarme… es cierto, pienso que desde el principio de los tiempos, hemos elegido a malas negociadoras…. Pero no es tarde. Algunas cosas están variando y otras, vamos a OBLIGAR a que varíen.

Por eso, voy a intentar visibilizar el trabajo de aquellas mujeres de las que no pude aprender en la escuela, a través de post temáticos. Hablaré de aquellas mujeres que hicieron y hacen ciencia, historia, política, filosofía, arte… aquellas mujeres anónimas y famosas que merecen nuestro tiempo porque gracias a ellas (y no solo a ellos), podemos ser así.

Pero disculpadme porque el primer homenaje se lo debo a mi madre. Esta mujer que trabaja siempre ha tenido tiempo para sus hijos y su marido. Es el pilar principal de una casa que llevó en solitario y fue compartiendo cada vez más, gracias a que mi padre también entendió que las cosas entre dos, son más justas.

Mi madre representa a muchas mujeres que siempre tenían tiempo para nosotros y nunca para ellas. De eterna generosidad que sacrificaron estudios, carrera profesional y muchas parcelas de ellas mismas, por aquellos que las rodeábamos.

Mi madre, como muchas otras mujeres mayores que yo, me han aconsejado y orientado para que nunca perdiera oportunidades y tuviera la posibilidad y capacidad de elegir.

Y hoy en día que la tengo me doy cuenta de lo afortunada que soy porque gracias a sus palabras puedo hacer cosas que ellas no pudieron.

El orgullo que siento por estas mujeres y en especial por mi madre, no se puede describir con palabras. Y, aunque probablemente, no renuncie a tantas cosas como ellas hicieron o no quiera tener ese espíritu de sacrifico que a ellas le inculcaron (porque no me parece justo), no dejarán de ser mi referencia y personas de confianza, para seguir enfocando la vida de la forma más sabia posible.

La generación de nuestras madres, hicieron su trabajo. Su legado debe ser continuado. Por eso nuestro trabajo para la próxima generación de mujeres, será el de que no deban elegir, porque tendrán las mismas posibilidades reales que un hombre para ser personas, además de mujeres, en la vida.