Viajando ayer en el metro entre anuncios por retrasos y el mosaico de seres extraños que miraban hacia todos y ninguna parte, me fijé que había una persona con un cubo de rubik.

Este detalle nimio y sin importancia en principio, me hizo pensar… Y es que he llegado a la conclusión de que, realmente, los seres humanos estamos metidos dentro de un cubo de este tipo.

El por qué es sencillo: Intentamos que nos clasifiquen en el color o lado que pensamos “adecuado para nosotros/as “, aunque en el fondo sepamos que pertenecemos a otro color u otra zona del cubo. Y ahí estamos, peleándonos por entrar en el color verde cuando el que está haciendo el cubo sabe que el rojo no pertenece a ese lado. Y así sin querer, revisé de nuevo el vagón…

Trabajando muchos años con personas en situación de vulnerabilidad y más aun con adolescentes, te das cuenta de que las personas pisan para no ser pisados, para no ser el último eslabón de la cadena social que, aunque defiende el no clasismo, está total y cínicamente estratificada. Me explico: Es común en los servicios de empleo escuchar de las propias personas participantes… “bueno, yo soy rumana o polaca, no me confundas con los/as vagos de los sudamericanos/as”. No, no digo que nadie aquí sea racista sino que se trata de un mecanismo de defensa y autoafirmación ya que, las personas sudamericanas o del áfrica subsahariana, así como españoles/as, tienen discursos similares aunque dirigidos hacia otro colectivo. Y entonces empieza aquí el juego del cubo de rubik, donde mi posición es importante dentro del cubo que es nuestra sociedad, ya que “yo soy de este color y soy más que tú”. Y como en un juego de naipes, van cayendo todos los “colores” uno tras otro. La persona sudamericana que pierde o renuncia a lo suyo por ser o vestir mas yanqui que el propio Bush, la persona de color del África subsahariana que se alisa el pelo y renuncia a tradiciones, se afina la cara, se americaniza o europeíza.

Pero aquí hay parra todos/as.. ¿Qué pasa con las personas nacidas en España? Pues los españolitos/as, sin nación ni bandera con la que identificarnos (además de la de la selección de futbol – esta es nuestra recién estrenada patria-), intentamos mimetizarnos con el resto de culturas siendo de todas y de ninguna en particular y acabamos en el lado amarillo del cubo, con un pegote azul que no sabemos cómo eliminar.

Es curioso que la naturaleza del ser humano tienda a la clasificación para poder elaborar los esquemas mentales necesarios que crean pensamiento y que cada uno/a de nosotros/as, intentemos diferenciarnos del de al lado para avanzar hacia el color que creemos nos pertenece por pensar que es el más “cool”.

En fin, no me extraña que el chico del cubo llevara horas intentado acabarlo sin éxito.