Ha muerto una heroina, una mujer excepcional que, como otras tantas en el anonimato, hizo lo que su corazon y su razon le dictaron que habia que hacer. Polaca y católica dice “Fui educada en la creencia de que una persona necesitada debe ser ayudada de corazón, sin mirar su religión o su nacionalidad”.

Sendler fue una desconocida durante mucho tiempo para los polacos, a tal punto que prácticamente tocó esperar a marzo del año pasado para que Polonia le rindiese un homenaje solemne y su nombre fuese propuesto para el Premio Nobel de la Paz que finalmente ganó Al Gore en el 2007.

Su historia era desconocida para la opinión pública hasta que, en 1999, unos estudiantes de un instituto de Kansas, descubrieron gracias a un trabajo de clase que una polaca había salvado la vida de, nada más y nada menos, 2.500 niños judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

Era enfermera en el Departamento de Bienestar Social de Varsovia el cual llevaba los comedores comunitarios de la ciudad. Allí trabajó incansablemente para aliviar el sufrimiento de miles de personas tanto judías como católicas. Estos comedores no sólo proporcionaban comida para huérfanos, ancianos y pobres sino que además entregaban ropa, medicinas y dinero.

En 1942 los nazis crearon un gueto en Varsovia, e Irena, horrorizada por las condiciones en que se vivía allí, se unió al Consejo para la Ayuda de Judíos, Zegota.

Conseguió identificaciones de la oficina sanitaria, una de cuyas tareas era la lucha contra las enfermedades contagiosas. Más tarde se unieron pases para otras colaboradoras. Como los alemanes tenían miedo de que se desatara una epidemia de tifus, toleraban que los polacos controlaran el recinto.

Cuando Irena caminaba por las calles del Gueto, llevaba un brazalete con la estrella de David, como signo de solidaridad y para no llamar la atención sobre sí misma. ESpecialmente sensibilizada con la situacion de menores en el gueto y, sabiendo de su incierto futuro, se puso en contacto con familias a las que ofreció llevar a sus hijos fuera del Gueto. No les podía dar garantías de éxito. Lo único seguro era que los niños morirían si permanecían en él. Muchas madres y abuelas eran reticentes a entregar a sus niños, algo absolutamente comprensible pero que resultó fatal para ellos. Algunas veces, cuando Irena o sus chicas volvían a visitar a las familias para intentar hacerles cambiar de opinión, se encontraban con que todos habían sido llevados al tren que los conduciría a los campos de la muerte.

Hasta la evacuación del Gueto en el verano del 42, consiguió rescatar a más de 2.500 niños por distintos caminos: ambulancias como víctimas de tifus, sacos, cestos de basura, cajas de herramientas, cargamentos de mercancías, bolsas de patatas, ataúdes… Irena quería que un día pudieran recuperar sus verdaderos nombres, su identidad, sus historias personales y sus familias. Entonces ideó un archivo en el que registraba los nombres de los niños y sus nuevas identidades.

Los nazis supieron de sus actividades y fue detenida por la Gestapo. Ella era la única que sabía los nombres y las direcciones de las familias que albergaban a los niños judíos. Soportó la fuerte tortura y se negó a traicionar a sus colaboradores o a cualquiera de los niños ocultos. Fue sentenciada a muerte. Mientras esperaba la ejecución, los miembros de la resistencia sobornaron a algunos alemanes para que le permitieran escapar. Halló su nombre en la lista de los polacos ejecutados. Irena continuó trabajando con una identidad falsa.

Durante el Levantamiento de Varsovia del 44, colocó sus listas en dos frascos de vidrio y los enterró en el jardín de su vecina para asegurarse de que llegarían a las manos indicadas si ella moría. Al finalizar la guerra, Irena misma los desenterró y le entregó las notas al doctor Adolfo Berman, el primer presidente del comité de salvamento de los judíos sobrevivientes. Lamentablemente la mayor parte de las familias de los niños había muerto en los campos de concentración nazis. En un principio los chicos que no tenían una familia adoptiva fueron cuidados en diferentes orfanatos y poco a poco se los envió a Palestina.

Los niños sólo conocían a Irena sólo por su nombre clave “Jolanta”. Pero años más tarde cuando su foto salió en un periódico, comenzó a recibir llamadas de agradecimiento de los propios niños/as a los que salvó.

En 1965 la organización Yad Vashem de Jerusalén le otorgó el título de Justa entre las Naciones (reservado a los no judíos que salvaron a judíos. (fuente), y se la nombró ciudadana honoraria de Israel.

En noviembre de 2003 el presidente de la República, Aleksander Kwasniewski, le otorgó la más alta distinción civil de Polonia: la Orden del Águila Blanca. Irena fue acompañada por sus familiares y por Elzbieta Ficowska, una de las niñas salvadas, “la niña de la cuchara de plata”.

Falleció en Varsovia (Polonia) el 12 de mayo de 2008 a los 98 años de edad.

Fte informacion y archivo foto: wikipedia